El sorpresivo triunfo del candidato derechista Flávio Bolsonaro en la primera vuelta presidencial, parece expresar un voto castigo que sorprendió a Lula y llegó desde su base tradicional de votantes.
Los primeros análisis indican que los sectores de menores ingresos se distanciaron de la elección y del líder del Partido de los Trabajadores (PT).
Brasil, hoy, muestra éxitos en la macro economía, con números notables, pero esos resultados no llegaron a los bolsillos de ese amplio sector de votantes que se endeuda para pagar los gastos básicos.
El voto castigo que golpeó a la base electoral de Lula
La derrota por casi dos puntos que sufrió el presidente Lula apenas esconde un voto castigo que llega desde su propia base tradicional de votantes: los sectores de menores ingresos.
Ese amplio espacio, que explica en gran medida la carrera de más de 40 años de un dirigente que surgió del sindicalismo metalúrgico y terminó en el Palacio del Planalto, perdió la esperanza de que una elección pudiera resolver su situación de ingresos.
Después de ese ajustado 47% a 45%, Lula entra al balotaje claramente en una posición de debilidad, detrás del hijo del detenido ex presidente Jair Bolsonaro, que es el favorito.
Bolsonaro (o la derecha) vio con más claridad aquel trasfondo social cuando hizo campaña yendo en los supermercados para denunciar una inflación que no estaba en los grandes números de la macro economía, pero sí pulverizaba el bolsillo de los sectores de menores ingresos.
El “crédito para comer” y el peso de las deudas
Incluso funcionarios del gobierno lulista habían alertado sobre el creciente problema del llamado “crédito para comer”, que involucra con deudas, muchas impagables, a ocho de cada diez familias brasileñas.
Las familias destinan entre el 29% y 33% de sus ingresos al pago de deudas para atender necesidades básicas. En esa contradicción social se encuentra la explicación de una abstención electoral del 21%, semejante a la de 2022 que ya había sido récord.
La gente que no votó en gran medida forma también parte de ese núcleo pobre e insatisfecho. Son los brasileños de menores recursos más preocupados por su realidad cotidiana que por una elección que creen no le va a solucionar ninguno de sus problemas.
Una macro con buenos números
Las grandes banderas que esgrime el gobierno de Lula —el control de la inflación, el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI)— son legítimas. Brasil tiene números verdaderamente envidiables. Pero es una economía que no derrama.
Un riesgo país estable en 170 puntos (la Argentina de Milei tiene 599 puntos) que la elección no varió la confianza de los inversores en el país. Reservas por casi US$400 mil millones, un crecimiento verificable estos últimos cuatro años, pleno empleo y una inversión extranjera directa de US$77.000 millones según organismos como la OCDE. Brasil es uno de los principales receptores de capital a nivel global.
Los datos mensuales del Banco Central muestran entradas puntuales superiores a los US$9.000 millones en períodos recientes de 2026. Este es el país de enorme éxito capitalista que eventualmente heredaría Bolsonaro.
El gobierno no logró traducir estos buenos indicadores en voto a Lula.
El desafío económico ante un eventual gobierno de Bolsonaro
Más allá de los números macro de la economía, si Bolsonaro se convierte en presidente va a avanzar hacia un ajuste para aliviar un déficit fiscal del 8,2% del PBI, y lograr una baja de las tasas de interés —hoy diez puntos por encima de la inflación, en 13,75%—.
Pero el ajuste (la “Tijera” de Flávio que emula a la “Motosierra” de Milei) agudizará la cuestión social, y ahí el líder derechista deberá evitar que se dispare una crisis en un país gigante como Brasil. Y necesitará del apoyo del Congreso, que en su nueva composición está integrado mayoritariamente por las distintas versiones de la derecha.
Jóvenes y PT: el desafío de salir de la “burbuja”
La del domingo fue una elección altamente polarizada y muy atravesada por el desencanto.
No es un fenómeno solo brasileño, pero los jóvenes son los menos interesados en la política. Probablemente constituyen una parte importante de los 33 millones de brasileños que se abstuvieron de ir a votar.
Analistas brasileños ya habían llamado la atención del PT sobre esta cuestión: cómo los temas que ocupan y dan prioridad a los dirigentes y militantes, como la reelección de Lula, carecen de sentido para ellos. Forman parte de la “vieja política”.
Por lo general, son individualistas, lo que provoca que pierdan interés en la política tal como existe hoy en día.
Lula va por los brasileños que no fueron a votar
Un breve análisis de los resultados electorales demuestra la existencia de un fuerte sector conservador en la sociedad brasileña. Al igual que ocurre con los jóvenes, el discurso de Lula y el PT no llegó a ellos. Hay que salir de esa “burbuja”, como suele decirse en política, dijeron dirigentes petistas.
Como dijimos, hubo políticas gubernamentales con éxito económico y social —que probablemente beneficiarían a una gran parte de quienes votaron por Bolsonaro o se abstuvieron—, pero no son percibidas por ellos de esa manera.
De tal forma que terminan actuando en contra de sus propios intereses. En este aspecto, el gobierno no ha logrado llegar a ellos ni hablar su mismo lenguaje.

